De Lectores Ciegos…

La Ley Lleras y la industria del entretenimiento tienen problemas de fondo que no son atendidos, este artículo escrito el 10 de abril de 2011 por DEAN LERMEN G. Comunicador Social Periodista, Magister en Estudios Políticos y Catedrático Universitario es la mirada de un ciego que muestra la importancia de las excepciones y limitaciones. También los invitamos a leer ¿Quiénes son los ciegos? de Carolina Botero en El Espectador.

Desde el título de esta nota dejo en claro mi ceguera, no como adjetivo ni como sustancia, sólo para ser breve, para ser contundente, para que a nuestro Ministro del Interior y al Congreso colombiano, les quede claro que no queremos más leyes aparte ni altamente especializadas, ni para resolver problemas sub, extra, supra, extra, especializados, que como ciudadanos y ciudadanas nuestros deberes, nuestras obligaciones y nuestros derechos pueden y deben estar en la ley que se dicta para todos y todas, porque los intereses de quienes leemos de una forma distinta no se alejan tanto ni entran en conflicto ni riñen con los intereses de los demás ciudadanos ni con la industria ni la empresa nacionales e internacionales.

Yo leo de una manera distinta, diferente, y no estoy hablando de la interpretación ni de la decodificación ni de los significados, estoy más acá, por ahora me quedo en el primer momento, en la primera relación con el texto, porque no lo veo, porque la luz no dibuja una señal para el cerebro; entonces, necesito otro texto, un libro digital, binario, paradójicamente un libro hecho de luz, pero de luz para ser oída, un texto, leído por una voz robótica y electrónica, que me guiará al conocimiento, al saber, que me llevará a la ciudadanía, a la plena participación, a la producción, que me dibujará el escenario de la creatividad y me dará la posibilidad de producir conocimiento y riqueza.

Un proyecto de ley de derechos de autor con énfasis en el mundo digital, en las tecnologías de la información y las comunicaciones, para las sociedades de la información, las comunicaciones y el conocimiento, que no sea preciso y claro frente a lo particular de la lectura de las personas ciegas y sordociegas, abre la puerta a modelos que los colombianos ya rechazamos de forma categórica y contundente; porque cuando el legislativo no legisla para todos y todas respetando las diferencias y las minorías, cuando el Estado no cumple sus obligaciones y lo sustituyen los particulares, cuando la justicia no tiene todas las herramientas para su ejercicio pleno, aparece el detestable PREFIJO PARA.

Ahora explico y detallo; seré un poco más extenso, de pronto más delicado. A quien llegó hasta aquí, gracias por su tiempo.

Yo no quiero el video de moda; no; no quiero oír el último éxito del reggaeton, no me interesa el último concierto de rock ni en Londres ni en Nueva York, tampoco quiero el último éxito taquillero de Hollywood. Yo quiero leer, ¡sí, quiero leer!, leer a Hawking, a Eco, a Llinás. Quiero leer. Me interesa leer. Me gusta leer. Busco libros. Es más, así los grafemas en tinta no signifiquen y no expresen y no dibujen el conocimiento, de vez en cuando paso por librerías y bibliotecas.

El braille es exageradamente costoso; pero no, no lo descalifico; es importante y debe producirse; y todos los esfuerzos de la producción editorial en braille debieran destinarse al texto escolar, a los cuentos y a las fábulas para los niños y las niñas ciegos y sordociegos, porque lo requieren para una educación con calidad, para un desarrollo pleno, para construir futuro.

¿Y los adolescentes? ¿Y los estudiantes universitarios? ¿Y los profesionales? ¿Y, en general, para todos los ciegos y sordociegos? Las sociedades del Siglo XXI tienen otra respuesta, eficiente, eficaz, de bajo costo, accesible, amable y respetuosa: el libro digital.

Ahora, un ciudadano, una ciudadana, que van más allá del derecho, trascienden el humanitarismo, y asumen la obligación constitucional de la solidaridad (valor que reconfigura la FRATERNIDAD, fundamento de las democracias occidentales), toman una decisión sencilla: van a la librería o a la biblioteca, después al escáner y el material de lectura está en un sitio web. Y los lectores ciegos y sordociegos podemos leerlo. Así, simplemente, dignidad humana, derechos humanos, respeto por la diferencia, solidaridad.

Ese ciudadano, esa ciudadana, ¿qué riesgos asume frente a la nueva ley? Porque el proyecto de ley no sólo desconoce el derecho de las poblaciones con limitación visual y sordoceguera al acceso a las TIC, al conocimiento y a la cultura, sino que deja en una condición de vulnerabilidad a las personas y a las instituciones que buscan garantizar esos derechos a nuestra población.

La norma olvida, otra vez, a los colombianos y a las colombianas que no ven o que son sordociegos y también a los colombianos y a las colombianas que cumplen con la Constitución, que cumplen con la ley. La norma sólo recuerda los derechos económicos de la industria y el comercio, sólo recuerda legislar para el entretenimiento; olvida la investigación y el conocimiento, los derechos a la educación, la cultura, la información, el debido proceso, olvida la Constitución, olvida a los ciudadanos y a las ciudadanas y limita a la Justicia al papel de árbitro.

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